Laura Arroyo - Alberto Otárola (Fotos: Ideeleradio - Presidencia)

 

“Mercader de la política”

Ideeleradio.- Alberto Otárola es un ejemplo de nuestra clase política derruida, y no es diferente del resto de actores políticos vigentes en nuestro país, opinó la comunicadora Laura Arroyo, tras considerar que el presidente del Consejo de Ministros es un “mercader de la política” que cambia sus principios por otros.

“Otárola yo creo que es dos cosas a la vez. Por un lado, es el principal escudero del del poder actualmente. Y, por otro, es un mercader de la política. Es el más asqueroso mercader de la política que entiende que la política es un mercado de demanda y que cada vez que un tema suena un poco más, un poco menos y él puede encontrar un rinconcito laboral, pues cambia sus principios por otros. Yo creo que esto es fundamental”, manifestó en el programa No Hay Derecho de Ideeleradio.

“Y así como Otárola, por cierto, está lleno ese Congreso del 6 % también. Otárola —al final del día— es, digamos, un ejemplo de nuestra clase política derruida. No es diferente de la mayor cantidad si acaso de actores políticos vigentes ahora mismo en el Perú. Eso creo que es importante. Y como buen mercader de la política, sabe también cómo moverse, cómo reciclarse, cómo desempeñar su rol”, argumentó.

El aval de los otros poderes

Arroyo Gárate expresó, además, sus dudas respecto a que la mandataria Dina Boluarte y el jefe de Gabinete tengan tanto poder. Sostuvo que la razón por la cual Palacio de Gobierno tiene poder es porque tiene el aval de los otros.

“Yo sé que a Otárola se le atribuye muchísimo poder, como que él es el gran, digamos, artífice detrás. Yo eso lo dudaría. Del mismo modo que también dudaría que Dina Boluarte tenga tanto poder. […] La Presidencia y Palacio de Gobierno es un espacio de poder, pero en el Perú, como en cualquier país, la razón por la cual Palacio de Gobierno tiene un poder es porque tiene el aval de los otros poderes. Si no tiene el aval de los otros poderes, Palacio de Gobierno se cae”, aseveró.

“La muestra más clara, Pedro Castillo. La otra muestra —si queremos— Ollanta Humala. ¿Cómo actuaron los poderes con Ollanta Humala durante los primeros cuatro meses para forzarlo también a traicionar sus promesas de cambio? Es que no tenía poder. Le decían desde ‘cosito’ y hasta cosas mucho más fuertes. Se encargaron de hacer una presión tal que le recordara —y esto es muy del poder además de un poder muy clasista y muy colonial como en el peruano—cuál era su sitio”, explicó.

Esa ligazón

Señaló que, a diferencia de Ollanta Humala, Pedro Castillo tenía una serie de debilidades, pero no renunció al apoyo popular que lo llevó a la Presidencia. Indicó que esa ligazón es lo que permite que hoy haya un Perú movilizado defendiendo la democracia y no a él.

“Yo quiero que recordemos —así como ahora el Ministerio de Cultura está abriéndole la puerta a los fascismos— cómo Pedro Castillo le abría las puertas a los ronderos, por ejemplo, o a las mujeres campesinas. Y es verdad que esto podría parecer performativo porque yo sé que se criticaba mucho. Y es verdad que en temas de políticas concretas no hubo muchos avances en este tema, y eso para mí es el peor error de Pedro Castillo, que no enfadó más al poder. Siempre digo, debió enfadarlo más, y hacer las cosas realmente y pedir transformación”, refirió.

“Sin embargo, ese puente que hizo Pedro Castillo, esa ligazón que mantuvo con quienes lo llevaron al poder es lo que permite que hoy haya un Perú movilizado defendiendo la democracia, no a Castillo, la democracia, porque se dieron cuenta —nos dimos cuenta todos y todas yo creo — de que había una forma distinta, lejos del proyecto de las élites”, acotó.

Modelo democrático

Estimó que, al final del día, el tema pasa por elegir un modelo democrático u otro: uno que apunta a mejores élites, u otro, a la multiplicidad de voces populares.

“Hay dos modelos en disputa, los dos democráticos, pero hay dos modelos en disputa, los que apuestan por una democracia donde sustituyamos a una élite por otra, una mejor élite si quieres, a lo mejor menos fascista, a lo mejor más moderada, con algunos valores más progresistas, a lo mejor, pero élites, al fin y al cabo, una democracia de sustitución de élites. O una democracia que se construya sobre la multiplicidad de voces populares. Esa es la otra opción y hay un Perú que está pidiendo una, y hay un grupo que está pidiendo la otra. Ese es el gran debate de fondo”, sentenció.

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