Pedro Grández - Tribunal Constitucional (Foto-TC)
Pedro Grández - Tribunal Constitucional (Foto-TC)

 

Sin decirnos nada

Ideeleradio.- Si uno lee con atención la decisión del Tribunal Constitucional (TC) sobre la demanda competencial, el TC ha terminado autodisolviéndose, porque incluso los cuatro magistrados que votaron por la improcedencia tienen fundamentos contradictorios, opinó el jurista Pedro Grández.

Fue al comentar la resolución del TC que declara, por mayoría, improcedente la demanda competencial sobre la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente presentada por el Poder Ejecutivo.

“El tribunal, si uno lee con atención, se ha autodisuelto con este caso, no hay pleno en esa decisión, no hay lo que uno esperaría, es decir, unos argumentos compartidos, [pero eso no pasa] ni siquiera entre los cuatro. Entre los cuatro [que votaron en contra de la demanda competencial] hay cuatro fundamentos, e incluso son hasta contradictorios entre ellos”, refirió en el programa No Hay Derecho de Ideeleradio.

“En un caso donde hay mucha expectativa ciudadana, el tribunal ha terminado autoeliminándose, autodisolviéndose, sin decirnos nada. Casi como los protagonistas del golpe, casi balbuceando. Y es una pena que en eso haya terminado, al menos en esta decisión”, acotó.

Lecciones y frustraciones

Grández Castro señaló que la decisión del Tribunal Constitucional (TC) es realmente frustrante y deja algunas lecciones respecto a su rol respecto a la resolución de problemas. Mencionó que las circunstancias llegaron a forzar al TC a convertirse en árbitro de la discusión política, algo que no debería pasar en una situación normal.

“Esta decisión [del TC] deja varias lecciones y frustraciones. Como lección, yo diría que es no confiar tanto en el TC. Esto creo que es una lección ciudadana. A veces los ciudadanos pensamos que el tribunal va a resolver nuestros problemas políticos y eso debería ser muy excepcional. Los tribunales no están pensados para resolver problemas que la ciudadanía no ha podido resolver”, declaró.

“El TC […] se estaba posicionando institucionalmente como el garante de la estabilidad democrática, el garante de la protección de nuestros derechos fundamentales. Hago una reflexión en abstracto por ahora, porque creo que la decisión [del TC] es realmente frustrante”, acotó.

Un apéndice

Finalmente, estimó que, al margen de las personas que están ahora en el TC, para la ciudadanía el TC se ha convertido en un apéndice del desprestigio que tiene la política.

“Eso es interesante, porque legitimaba al tribunal en una posición que nunca ha tenido antes, convertirse en el arbitro político final de disputas de un nivel que antes terminaban en golpes, pero en ese esfuerzo, creo que hemos terminado de alguna manera afectando la legitimidad del TC”,  precisó.

“Pienso, al margen de las personas que coyunturalmente están ahora, que en el imaginario ciudadano el TC se ha convertido en un apéndice del desprestigio que tiene la política. Y ese es un costo muy alto para un tribunal que se estaba posicionando institucionalmente como el garante de la estabilidad democrática, el garante de la protección de nuestros derechos fundamentales”, agregó.

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