Eduardo Ballón - Congreso (Fotos: Ideeleradio - Andina)
Eduardo Ballón - Congreso (Fotos: Ideeleradio - Andina)

 

No cree en los políticos

Ideeleradio.- La gente no cree en la política y no espera absolutamente nada de este Congreso, y menos de Alejandro Soto, presidente del Parlamento, sostuvo el antropólogo Eduardo Ballón, al referirse a la respuesta que el titular de este poder del Estado dio al Ministerio Público en torno al trámite de la denuncia constitucional contra la magistrada suprema Delia Espinoza, quien investiga a 14 legisladores.

“Yo diría que la diferencia fundamental de ese comportamiento [en el Congreso] está en la percepción de la gente. La gente no espera absolutamente nada de este Congreso. Y de un personaje como Soto, menos aún. Digamos, si [José] Williams, el anterior presidente, tuvo algún cuidado con las formas, Soto es absolutamente desembozado y sus intereses estrictamente personales están por encima de absolutamente cualquier cosa”, señaló en el programa No Hay Derecho de Ideeleradio.

“Y, en este momento, la decisión, digamos, del Ministerio público de avanzar con los procedimientos iniciados a través de carpetas fiscales a distintos congresistas es vista por Soto como una amenaza personal. Es decir, como algo que le va a llegar a él más temprano que tarde. Ahora, la gente esperaba eso, la gente no cree en la política y en los políticos”, indicó.

Como se recuerda, el fiscal de la nación, Juan Carlos Villena, le envió un oficio al presidente del Congreso para pedirle que la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales se abstenga de dar trámite a la denuncia contra Delia Espinoza. mientras el Poder Judicial se pronuncia. El titular del Parlamento respondió que no es posible acceder a ese pedido y le recuerda al fiscal que impedir el ejercicio de sus funciones a una autoridad elegida es un delito que se penaliza con cárcel e inhabilitación.

Ejecutivo y Congreso

En otro momento, consideró que el caso del uso de relojes Rolex por parte de la mandataria Dina Boluarte es agresivo e insultante por lo que supone visualmente para la opinión pública. Estimó, además, que el comportamiento del Congreso se va a acelerar aún más en la dirección en la que viene actuando.

“Lo de Boluarte es agresivo, es insultante […] por lo que supone visualmente y recordemos que las protestas tuvieron a la base un sentimiento de agravio muy fuerte. Ese sentimiento de agravio se va reforzando con distintos agravios e insultos en el comportamiento de la señora. Recordemos su visita a Ayacucho y el jalón de pelos, y miremos ahora el Rolex y ahí hay una continuidad que enerva aún más”, mencionó.

“Ahora, es evidente que, en el juego al que asistimos, el comportamiento del Congreso va a acelerarse aún más en esa dirección. Digamos, no me cabe duda, porque sienten ellos también que el tiempo político empieza a acelerarse, y que algunos de los poderes del Estado, no obstante, sus comportamientos contradictorios, tienen instrumentos para resistir y para tratar de llevar adelante sus funciones, que se han ido perdiendo en el tiempo”, añadió.

Los comportamientos

Estimó, finalmente, en líneas generales, que los comportamientos de estos sectores del poder, “que en sentido estricto corresponden de alguna manera a la informalidad que predomina en el escenario, son funcionales a las múltiples desigualdades que vivimos”. Apuntó que hay una clase política que es casi unánimemente rechazada, pero un autoritarismo conservador con una fuerza sorprendente.

“La gran paradoja que vivimos es tener un sistema político, una clase política, un Ejecutivo, un Congreso casi unánimemente rechazados y tener una conflictividad social muy alta que identifica en algunos de esos actores, en todos esos actores, a los problemas fundamentales, ya no del país en abstracto, sino de su vida diaria. Y, en ese contexto, sin embargo, la impunidad y el autoritarismo conservador, la corrupción, etcétera, se afirman con una fuerza sorprendente, digamos, para una mirada desde afuera”, aseveró.

“Entonces, el resultado es una desconfianza interpersonal muy grande, una demanda por acceso a servicios básicos y a justicia y un acceso absolutamente limitado a ellos. La desconfianza generalizada en la política, los políticos y el desdén de las instituciones que compiten con los mecanismos informales y con los mecanismos ilegales que frecuentemente son [para estos] más efectivos”, agregó.

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