Por: Red Ama Llulla

En una entrevista concedida al diario chileno La Tercera, el escritor Mario Vargas Llosa fue consultado sobre la situación de América Latina y el surgimiento de movimientos indígenas en la región. Como parte de su respuesta, el Nobel peruano afirmó lo siguiente: “En el pasado había 1.500 lenguajes en América y como en ese entonces [las personas] no se entendían, entonces se mataban”.

Ama Llulla revisó el tema, consultó bibliografía especializada, conversó con lingüistas y preparó este explicador para tener en claro algunos conceptos básicos en relación a las lenguas indígenas de la región.

¿Cuántos idiomas existieron en América?

Consultado para esta nota, Carlos Molina Vital, lingüista y profesor de quechua en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (Estados Unidos), afirmó que incluso hoy en día no se ha podido determinar la cantidad de idiomas nativos que existieron antes de la llegada de los colonizadores europeos. Sin embargo, refiere que algunos investigadores, como el experto en lenguas indígenas Lyle Campbell, autor de una veintena de libros sobre la materia, ha estimado que se hablaron entre 400 y 2.500 idiomas. Esta referencia se ubica en el libro “American Indian Languages” [Lenguas indígenas americanas], publicado en 1997.

Por otro lado, Agustín Panizo, sociolingüista y ex Director de Lenguas Indígenas del Ministerio de Cultura, menciona que no hay forma de confirmar la cifra dada por Vargas Llosa. Sin embargo, indica que “el lingüista brasileño Aryon Rodrigues calculó la cifra en 2.000 lenguas desde Tierra del Fuego [Chile] hasta México, sin contar el resto de América del Norte”.

Para Luis Enrique López-Hurtado, arqueólogo, sociolingüista y especialista en Educación Intercultural Bilingüe, el cálculo de Rodrigues es uno de los más aceptados en el ámbito académico. López-Hurtado comenta que la cuenca amazónica es el espacio que siempre ha tenido una mayor diversidad biológica y lingüística. Solo en el territorio de Brasil, afirma, habrían existido 1.273 lenguas, que, sumadas a las habladas en los ocho países de la cuenca (​​Bolivia, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Surinam, Perú y Venezuela), podrían haber superado las 1.500, sólo en la Amazonía.

Ahora bien, en el ensayo “Native American Languages, Indigenous Languages of The Native Peoples of North, Middle, and South America” [Lenguas nativas americanas, lenguas indígenas de los pueblos originarios de América del Norte, Central y del Sur], elaborado por Lyle Campbell y por la la especialista en lenguas amerindias Marianne Mithun, profesora de la Universidad de California en Santa Bárbara (Estados Unidos), se indica que en América del Norte habían alrededor de 300 lenguas al momento de la llegada de los europeos. Mientras que en América Central y América del Sur se identificaron 300 y 1.500, respectivamente. Lo que en total, daría un estimado de 2.100 idiomas originarios en toda América.

Uno de los problemas para definir la cantidad de lenguas, afirma Molina Vital, es que en algunos casos no hay claridad respecto a lo que define a una lengua y a un dialecto, o, en todo caso, hay posiciones divergentes de parte de los investigadores. Por ejemplo, algunos lingüistas consideran al quechua collao y al quechua chanka como idiomas diferentes, pero otros los toman como parte de una sola unidad: el quechua sureño.

López-Hurtado coincide en este punto, y afirma que esta incapacidad está influenciada por “consideraciones de índole política”, pues finalmente son los Estados los que definen esas categorías. Otro ejemplo de esto es el caso de México, donde la cantidad de idiomas oscilaba entre 68 y 364. Sin embargo, ahora “el Estado mexicano prefiere referirse a las 364 variantes y ha dejado de usar la denominación de lengua para referirse más bien a agrupaciones lingüísticas”, comenta.

Molina Vital indica que no hay un documento o un registro escrito sobre la cantidad de idiomas antes de la llegada de los europeos, pero las investigaciones utilizan estudios etnográficos (trabajos de campo en pueblos específicos) y evidencias sobre la toponimia de los lugares (el origen de los nombres geográficos) para determinar la existencia pasada de lenguas indígenas que ya no se practican.

¿Cuántos idiomas se hablan en la actualidad en América y en Perú?

En el 2009, un grupo de 35 lingüistas del continente, en el que estaba incluido Luis Enrique López Hurtado, realizó el que se considera el último trabajo a gran escala para determinar un número oficial de idiomas que se hablan en la región. El resultado fue el Atlas Sociolingüístico de Pueblos Indígenas en América Latina, que recogió información de 21 países, desde La Patagonia hasta México.

El trabajo, que fue impulsado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Fundación para la Educación en Contextos de Multilingüismo y Pluriculturalidad (FUNPROEIB Andes) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), arrojó resultados como los siguientes:

  • Se calcula que el 10% de la población en latinoamérica es indígena.
  • La región tiene la mayor riqueza del mundo en familias lingüísticas con casi 100.
  • Existen 522 pueblos indígenas que hablan 420 lenguas distintas en América Latina.
  • El 26% de las lenguas indígenas de la región se encuentra en peligro de extinción.
  • México, Bolivia, Guatemala, Perú y Colombia reúnen al 87% de indígenas de América Latina y el Caribe.
  • El quechua se habla en siete países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Perú.

En el Perú, según la información del Ministerio de Cultura, existen 55 pueblos originarios: 51 en la Amazonía y cuatro en los Andes. Además, aún se hablan 48 lenguas indígenas: 44 en la Amazonía y cuatro en los Andes.

De acuerdo con el sociolingüista Agustín Panizo, a la llegada de los españoles, el panorama era muy distinto, al punto que se han identificado 37 lenguas extintas. “Podríamos decir que en el territorio que actualmente ocupa el Perú se hablaba alrededor de un centenar de lenguas originarias a inicios del siglo XVI”, indica.

La desaparición de lenguas es aún un problema vigente. En el mapa etnolingüístico del Perú, del Ministerio de Cultura, se puede observar las estadísticas de las lenguas indígenas u originarias que están en estado de vulnerabilidad:

  • Las lenguas en peligro de extinción son: bora, murui-muinanɨ, yagua y yanesha.
  • Las lenguas seriamente en peligro son: amahuaca, arabela, ikitu, jaqaru, kapanawa, kukama kukamiria, madija, ocaina y shiwilu.
  • Las lenguas en estado crítico son: kawki, chamikuro, iñapari, iskonawa, munichi, omagua, resígaro y taushiro.

De manera general, López-Hurtado indica que “entre 20 y 21 [lenguas] estarían en serio riesgo de silenciamiento, y podrían sumarse a otras que se dejaron de hablar”, como el quingnam, que se hablaba en los alrededores de lo que era la ciudad de Trujillo y lo que hoy es el distrito de Moche; o la lengua de los tallanes, que se empleaba en los pueblos de Piura y Sechura.

El especialista, sin embargo, afirma que hay lenguas que se creían extintas y que se recuperan con el tiempo. Es el caso del mochica o muchik, “una lengua totalmente silenciada, aunque hoy algunos descendientes de quienes fueron mochicahablantes hacen esfuerzos por recuperar y volver a hablar”. De hecho, podemos ver aquí y aquí, algunos proyectos por revitalizar y registrar ese idioma.

¿La diferencia entre idiomas producía matanzas entre pueblos?

Finalmente, en la entrevista citada para este explicador, el escritor Mario Vargas Llosa afirmó que “[los pueblos indígenas] no se entendían, entonces se mataban”. Para Panizo esa aseveración esconde algunos mitos que se explican a continuación.

El primero se refiere al español como medio pacificador. Panizo señala que, en realidad, toda imposición de una lengua es un ejercicio violento. Esto “deja víctimas que son, en concreto, sociedades despojadas de su cultura, sus valores, su acceso a la ciudadanía plena y un conjunto de desigualdades”, argumenta.

En el libro “Lexicografía hispano-amerindia 1550-1800. Catálogo descriptivo de los vocabularios del español y las lenguas indígenas americanas”, la filóloga española Esther Hernández explica que en 1783 hubo una prohibición del “uso de las lenguas en los dominios americanos” por parte de la Corona española.

El principal objetivo fue el quechua, pues, según el historiador Charles Walker, en su obra “La rebelión de Tupac Amaru”, se intentó abolir ese idioma luego del proceso insurgente de 1780.

El segundo mito es considerar al monolingüismo como la mayor solución de los conflictos entre pueblos. De acuerdo con Panizo, es mentira que las diferencias idiomáticas hayan producido enfrentamientos. Por el contrario, afirma que lo común en el pasado era la diglosia: la coexistencia de lenguas de distinto estatus en una comunidad.

“El Perú [antiguo] era un territorio de políglotas, donde las personas solían dominar más de dos lenguas, como ocurre hoy en la Amazonía. La comunicación entre pueblos, entonces, era quizás más posible que hoy”, dice el sociolingüista.

Molina Vital concuerda con este último punto. Y pone como ejemplo al Tahuantinsuyo durante la época de los incas. A decir del especialista, por las crónicas de la época colonial se sabe que había una convivencia entre los distintos grupos étnicos, como los lupacas, los wankas, los tallanes o los cañaris, quienes, a pesar de las rebeliones eventuales, se comunicaban por medio de una lengua general o estándar.

“Esta, si no era compartida por todos los pueblos, al menos sí por los curacas y administradores de cada grupo étnico. Si eras un chimú, pero eras el que estaba en control de esa región, debías saber también el quechua chinchaysuyo, que era la lengua general para la zona”, afirma.

El uso de lenguas francas (generales) era de uso común, sostiene López Hurtado, y la época previa a la llegada de los españoles ese rol lo cumplían, al menos en los Andes, el pukina, el aimara y el quechua. Estos conocimientos permiten descartar la idea de  que las diferencias lingüísticas hayan sido la base de los conflictos.